lunes, 5 de febrero de 2018

La musa de las palabras (#elviajedelablog-t-ella)

https://tecuentodeviajes.wordpress.com/2018/01/31/el-viaje-de-la-blog-t-ella/
Me encantan estas iniciativas creativas. ¿Te unes? 
Me quedé sin ideas. De la noche a la mañana, la inspiración se esfumó. Creo incluso que dejó una estela como diciéndome: "por aquí podrás encontrarme". Pero no la seguí. Me encerré, me obcequé y me callé. Todo a una.

Él había llamado esa misma tarde, agitado, con prisa: "tenemos que vernos". Emocionada, relegué a todo y a todos por acudir a su encuentro, una vez más. Eran sus formas. Mis formas también, había aceptado entrar en ese juego hacía ya demasiados meses y ya no sabía cómo cambiar las reglas, ni tan siquiera si tendría opción. Solía enfadarse cuando protestaba o reclamaba algo que a priori, sentía que también me merecía. Cuando entré en su coche, el motor estaba encendido. Me acerqué a su boca y me rechazó.

-¿Qué pasa? ¿Va todo bien?
-Lo sabe. ¡Lo sabe!

No respondí. Pensé que llevaba meses deseando que pudiéramos hacer pública nuestra relación y mostrar el amor tan grande que nos profesábamos.

-¿Qué voy a hacer ahora?

Seguí callada. ¿Qué iba a hacer él ahora? ¿Y yo? ¿Y yo ahora? ¿Y yo durante todo este tiempo?

-Tenemos que dejarlo. Tengo que recuperar mi vida, no se puede ir toda al garete. Mi casa, mis hijos, ¡me puede arruinar la vida!

No sé por qué esperé a que me echara del coche y no tuve el coraje suficiente como para irme antes de que me humillara del todo. La sorpresa, la desilusión, la autoestima destrozada en apenas tres minutos (si es que para entonces podría decirse que aún conservaba una pizca), o la dignidad.

Me quedé sin ideas, sí. Y sin ilusión, y sin ganas, y sin musa. Mucho tiempo. Demasiado tiempo. Había que curar heridas y futuros, deseo de sonreír y volver a salir a la calle con la cabeza alta. Porque cuando te aman a escondidas te haces pequeñita y cabes en una botella de cristal. Porque cuando no te tienen en cuenta, el polvo de la varita mágica desaparece y también los trucos, crece tanto la tristeza que, sin ayuda, una no puede salir de su encierro.

Así que la musa, mucho tiempo después, haciendo inventario de todas las botellas que acumulaba en su desván, al escuchar mis gritos, me liberó.

-¡Ya era hora, niña! -me reprendió-. ¿Sabes la cantidad de historias que están esperando ser contadas? Y tú aquí, lamiéndote las heridas por un personajillo que no cabe ni en un dedal.
-Pero él... -traté aún de defenderle, como siempre, justificando lo injustificable.
-A mí no. A mí no me cuentes nada. Las hadas, las musas, los duendes... no necesitamos historias. Queremos magia. Así que sal ahí fuera y créala. De dentro hacia afuera. Sin miedo, niña, sin miedo. Todo lo que vivimos puede trascender si encontramos la fórmula de conectar con los otros. 
Te devuelvo tus palabras, ahora, cuida bien tus alas. 

Y escribí esta historia.

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¡Hola, personitas de mi mundo blog! ¡Uff! Os tengo abandonados, pero no olvidados. El caso es que estoy montando la web. Sí, sí, al final, por fin. Entonces no sé ni por dónde me da el aire. Entre los talleres, el libro ("Lejos en mí" sigue fluyendo a tope, gracias, gracias, gracias), Baby y la vida en general, me cuesta mucho sentarme y escribir. Paradójico poner a tanta gente a hacerlo y que yo me mantenga en el dique seco. ¡Esto va a cambiar este 2018!

¿Por qué este texto? Os dejo el enlace que me ha inspirado, del blog Te cuento de viajes, atendiendo a la invitación de Cristina Ballester, aceptando el reto de escribir en base a esta ilustración. Ha salido esto. ¿Os apetece intentar escribir una historia? ¿Qué se os ocurre? ¿Qué os inspira?

A mí, por de pronto, este relato. Y por descontado, esta canción: Perfect , una maravilla de dueto entre Ed Sheeran y Andrea Bocelli. Los que me seguís en redes me podéis llamar pesada. Lo sé. Pero esta canción ha despertado la alegría en mí. ¿Y sabéis? Pienso escucharla hasta debajo del agua. Hay que empaparse de lo bello y de lo bueno, siempre.

Besos de lunes creativo.
El 24 de febrero presento "Lejos en mí" en Rentería en la librería Noski. Si os apetece, ya sabéis, nos vemos, nos leemos y compartimos.

¡Qué bien sienta soltar al ciberespacio cualquier tipo de relato que nace de dentro!
Muaks!

Itziar

domingo, 3 de diciembre de 2017

LEJOS EN MÍ - HACIENDO CAMINO AL ANDAR...

10 de noviembre de 2017. Presentación de "Lejos en mí" en CBA, Irún. Lleno total. 
¡Cuánto tiempo sin abrir el blog! Desde septiembre, para ser exactos. Acabó la baja, tuve que volver a la oficina y tomé la determinación de poner a rodar la maquinaria de la autopublicación de mi segunda novela. ¡Vaya meses llevo! 

Corregir por enésima vez, maquetación, diseño de portada, marcapáginas, promoción y nervios, muchos nervios. Honestamente diré que no he sentido inquietud por saber si el libro gustaría o no, creo que va intrínseco con las ganas de que te lean. Ha sido más bien el soltar el peso de esta historia que el cuerpo me pidió escribir, y que el alma me apremió a compartir. Quienes ya lo habéis leído, estoy segura de que me entendéis y los demás, comprenderéis sobre la marcha. 

El 10 de noviembre estaba muy nerviosa. Día de la puesta de largo, muchos amigos viajando para estar conmigo en un momento tan especial, y lo que sucedió entre las cuatro paredes del CBA me desbordó por completo. ¡Ni en mis mejores sueños hubiera imaginado un llenazo así! Hubo personas a las que no dejaron entrar. Me encantó saber que algunas decidieron irse a brindar por mí con un rico vino o una cervecita. Eso es el buen querer. 

La energía que se respiraba en la sala fue tan buena... Había expectación, ilusión, ¡buen rollo! Me sentí como antes de uno de esos partidos que sabes importantes y el público está contigo a tope, animando desde la grada y tú tienes el nervio bueno, el necesario para pisar con seguridad la cancha y ganar. Aún así menos mal que me preparé un guión. Sabía que podía echarme a llorar de la emoción en cualquier momento (cosa que sucedió), y no quería perderme en divagaciones, sino contar lo que quería contar. Lo que "Lejos en mí" significa para mí y lo que ha ido pasando en mi vida en estos últimos cinco años, desde la publicación de "El Veto". 

Volví a estar acompañada por Maite González-Esnal y José Monje. Escritores, referentes y sobre todo, amigos. Ellos fueron las primeras personas que confiaron en mí y aún a riesgo de elegir a alguien con más glamour para el evento (tal y como me sugirió Maite), volví a decantarme por ellos porque para mí el glamour lo tienen las personas que quieres, las que te aportan, las que te enseñan y las que cuando las necesitas, están. Y para mí ellos están. A nivel literario y humano. Ambos me han enseñado mucho y les agradezco infinito su confianza. Les admiro y admiro sus caminos. Así de sencillo, así de bonito. 

Fue una tarde mágica. Ahora que ya ha pasado más de un mes, miro hacia atrás o veo las fotos y me siento inmensamente feliz. Quienes me acompañaron tenían muchas ganas de leerme de nuevo, quizá, como dije, porque a quien le gustó "El Veto", conectó conmigo a otro nivel y en "Lejos en mí" esperaban encontrar esa ternura, esa honestidad o esa transparencia. Un mes después ya he tenido ese feedback que necesitamos para saber si estamos en el camino, si la novela encaja o no... ¡Y también aquí me he sorprendido mucho! Está llegando, tocando, emocionando. No sabéis lo mucho que me alegro y lo mucho que os agradezco cada comentario. Me ayuda a crecer y me ayuda a seguir confiando, porque la seguridad en un oficio tan complicado como este hace que te sientas frágil, y una se tambalea más de la cuenta.  

"Lejos en mí" ya es vuestro. Me gusta esa idea de que un libro deja de pertenecerte en cuanto le llega al lector. Y como acabo de contaros, es tan bonito saber lo que está moviendo... 

Irún, la presentación en librería La Rossa en Valencia el día 17 de noviembre, ¡si es que no he parado! Ha sido un noviembre atípico. Creativo. Talleres de escritura creativa, presentaciones, el #pintxopotecreaescribo en el Bar Bohemian de Irún, más presentaciones de escritores como Virginia Gil, Mercedes García Sieira, Bakarne Atxukarro, Izaskun Zubialde y Eva Huebra. Radios, prensa, entrevistas, fotos, distribución en librerías, redes sociales... 

Una auténtica locura, pero una locura que merece la pena porque este es el camino que quiero pisar cada día. Escribir y compartirme y, entre tanto, ayudar a otros a jugar con la imaginación, despertando la creatividad dormida.

No todo ha sido bueno, no os voy a mentir, pero sí aleccionador. Como volver a escuchar que lo que escribo no es comercial y no se ajusta al público porque no genero empatía con el lector. (Ahí es nada). Imaginaos mi cabeza con una frase así de lapidaria mezclándose con las decenas de felicitaciones que estoy recibiendo. ¡Menudo cóctel! Le puse sal y limón y me lo bebí, como el tequila. ¡Ahg! Volví a 2012 cuando "alguien que sabía de esto" tiró el manuscrito de "El Veto" a la basura, augurando que "es muy difícil que alguien lo lea". Y es que no se puede poner Mozart en el hilo musical de alguien que solo escucha AC/DC o viceversa, porque no estamos en la misma frecuencia. Y no buscamos lo mismo. Unos buscan éxito comercial (léase dinero) y otros buscamos libros que abrazar, historias que nos emocionen y nos dejen poso y otro tipo de camino. Porque existe. Porque no llevar el sello de una editorial no te hace mejor ni peor. Te hace reafirmarte en tus formas y tu viaje, y te hace agradecer, aún más si cabe, la profunda suerte que es tener compañeros en el camino, que pisan tu mismo suelo y te leen las huellas. 

Yo misma emocionada perdida, haciendo camino al andar. ¡Gracias!
Gracias de todo corazón por estar al otro lado, por hacer un hueco en vuestras estanterías a "El Veto" y ahora a "Lejos en mí", y ante todo, gracias por permitir que me cuele dentro de vuestros sentimientos con mis escritos. 
Cuando era jugadora de basket, me preguntaban a menudo si era buena. 
-¿Buena? Bueno... depende para quién puedo ser excepcional, mediocre o del montón. 

La vida constantemente me está enseñando que necesitamos poner etiquetas a todo y a todos. En "Lejos en mí" hablo de esto también. No pretendo encasillarme ni limitarme buscando definiciones que se ajusten a mi persona y a mi yo escritora, solo soy Itziar, haciendo camino al andar. 

Un besazo.

Por cierto, tengo la web en construcción ¡oé, oé, oé!, podéis poneros en contacto conmigo para pedirme libros a través de Instagram, Face o Twitter, por aquí en los comentarios y también, adquirir la novela en Irún (Jaizkibel, Kiosko 33 y Brönte), Donostia (Hontza) y Valencia (La Rossa). Por ahora solo me ha dado tiempo a esto, que no es poco. ¡Uff!

AVISO:
El viernes 15 de diciembre presento "Lejos en mí" en Donosti, en la Sala Keler, en Ramón María Lili; al lado del Kursaal frente al río. Voy a preparar un encuentro entrañable y durante todo el evento habrá cervecitas (decidme que no es un planazo...). Os espero a partir de las 19h, con libros y ganas. 

Y como no podía ser de otra manera, me despido con la canción que es la banda sonora de la novela, Tierra de mi querido Xoel López. Si os apetece, os invito a cerrar los ojos y escucharla. 


"Y lo intento cada día, ser todo lo que había imaginado y me encuentro 
que la vida siempre tiene algo preparado que supera cualquiera de mis fantasías
 nada comparado con lo que realmente sucedía".

¡Nos leemos, gente bella! Muaks!

¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

Itziar

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Equilibrios

"La vida es como montar en bicicleta,
si quieres mantener el equilibrio,
tienes que seguir avanzando".
Marco nació bajo la carpa del circo. Llegó al mundo mientras su padre retaba a la gravedad y un león rugía desde su jaula. Todos festejaron orgullosos su llegada. Era la quinta generación de equilibristas que veía crecer el Circo del Alma. Así que como no le quedó otra desde pequeño, aprendió el oficio de su familia: la cuerda floja. Él hubiera preferido ser trapecista y así, poder tener entre sus brazos aunque tan solo fuera durante un breve ejercicio, a Linda, pero sus deseos nunca se vieron satisfechos. A él le tocaba caminar solo sobre el alambre. 
Era un espectáculo que helaba la sangre del espectador.

Marco rehusó las sujeciones fantasma, como había hecho su abuelo, y asumía, con el coraje de quien se rinde a su destino, que cada vez que subía la escalinata, podía ser la última vez. Mientras ascendía tenía la mente en blanco. Al llegar arriba y ver cómo el foco central lo iluminaba, respiraba hondo, y se dejaba envolver por el silencio abrumador que envolvía la carpa.

-¿No tienes miedo? -le preguntaban muchas veces.
-Sí -respondía él sin dudarlo.
Todos se sorprendían de su respuesta, no esperaban que alguien como él lo tuviera.
-Tener miedo no me hace más débil -le explicó una noche tras su actuación a un joven que le esperaba para felicitarlo, admirado.
-Pero, ¿y si se cae? ¿No piensa en que puede morir?
-Tú también puedes morir, muchacho.
-Pero...
-No, chaval. Mis miedos no son tus mismos miedos.
-¡Tú eres "El Gran Marco"!
-Y "El Gran Marco" solo es un hombre que sabe caminar sobre un alambre a 30 metros del suelo. El equilibrio lo es todo, chico -añadió, antes de despedirse.

El joven se fue entusiasmado por haber intercambiado unas frases con su ídolo y Marco entró en su caravana cabizbajo, porque aunque la función había sido un éxito, su balanza no estaba equilibrada. Faltaba ella. Como si de un magnífico truco de magia se tratara, había desaparecido de repente. Ahora sí y ahora ya no. Ningún espectador había percibido la duda en sus pasos esa noche y él, sin embargo, había marcado cada uno sintiendo que le faltaba algo, que el alambre estaba incompleto. Ella había dicho que volvería, pero no volvió. Ella había dicho que lo quería, pero mintió.

Se afanó por olvidarla y seguir dando lo mejor de sí, pero no encontraba el centro. El director del circo le llamó la atención por la poca precisión que empezaba a tener en escena y semana a semana fueron bajando metros, hasta hacerlo caminar casi por el suelo.

-¡Gran Marco! -le gritaron tras la función.
A pesar de que no tenía ganas de hablar con nadie, reconoció la voz.
-¿Tú otra vez?
-Me dijeron que ya no subías hasta lo alto, no me lo podía creer. ¿Entonces? ¿Vas a dejar el Circo? ¿Te has cansado?
-No -dijo reparando en el peso de sus palabras-, he perdido la alegría.

Marco se dio cuenta de que el joven no había entendido nada y él, de repente, había comprendido todo. Uno no es solo la suma de quien es y quien ha sido, sino que también es la suma de quienes ha conocido y ha querido. Incluso es la ecuación resultante de cada desastre. Y él, afanado en ser siempre el mejor, había dejado escapar a la mujer que supo despejar sus equis, solo porque esa nueva sensación le hacía titubear.

-Tengo vértigo -había dicho ella.
Y él no había sabido qué contestar.

Esa noche supo que si la distancia entre dos cuerpos se mide en miedos, quizá aún hubiera una oportunidad. Así que cogió su pequeña maleta y abandonó el Circo del Alma sin hacer ruido, mientras un león que ya no era ni fiero ni prácticamente león, rugió con envidia a su paso: "al menos eres libre para marchar"

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Escribí este relato hace casi un año y lo tenía entre borradores. Ahora al releerlo me han dado ganas de compartirlo, quizá porque tras la experiencia de este fin de semana en Hondarribia en el Encuentro de Blogueros en Acción, una pequeña parte de mí se ha despertado.

Y es que una escribe para contar historias y para compartirlas. Hay que olvidarse del alcance que puedan llegar a tener y volver al epicentro, a ese punto de equilibrio con uno mismo y escribir por el mero placer de hacerlo. Mi vieja guardia bloguera sigue escribiendo. Unos por aquí, otros desde diferentes cuentas, pero el caso es que todos seguimos sintiendo esa necesidad de poner palabras a la vida y a las sensaciones.

He conocido gente maravillosa estos días. Generosos, altruístas, soñadores, y sobre todo, luchadores. Su nivel de energía es elevadísimo. Me ha costado reubicarme (y me sigue costando), en este día a día donde priman las prisas y fallan las formas. He aprendido mucho. Muchísimo. Me he sentido como el Gran Marco, buscando mi equilibrio. Y en esas ando, tratando de encontrarlo, drenando ideas y compartiendo sentimientos, porque al final, solo cada uno de nosotros sabe cómo desenvolverse en su propio circo personal y qué necesita para ofrecer cada día, la mejor función posible.

Llevo tres días con esta canción en la cabeza. "Cuarteles de Invierno" de Vetusta Morla

"Fue tan largo el duelo que al final, casi lo confundo con mi hogar"

Sed buenos. Hacía mucho que no publicaba nada. ¡Perdón! Estaba acabando la que será mi segunda novela. ¡Sí, sí! Prontito verá la luz, muy muy pronto. ¡No me lo creo ni yo! Estoy deseando tenerla entre las manos, hablaros del título, de la historia y que la leáis. Veremos hacia donde nos llevan los vientos. Entre tanto, relatos y besos, siempre besos.

¡Nos leemos! 

martes, 11 de julio de 2017

Comerte la boca

De la red. 


No es lo mismo besar que comer la boca.

La boca se come a quien tiene hambre de ti. No es un beso casto y dulce, aunque puede contener trazas de dulzura. Ese primer contacto es un abordaje directo de deseo a incertidumbre, quizá ganas también; no obstante, el valiente es quien se lanza y con sus labios sella su intención

No es lo mismo besar que comer la boca. Ni por asomo, porque desde ese preciso instante en que las bocas se abren, comienza el capítulo 2. 
Y ya no hay vuelta atrás. 


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Capítulo 1.

Aquella noche ella no esperaba nada de la vida, estaba desencantada y quizá esa torpe frustración le hizo ser tan auténtica como nunca antes se había permitido ser. Cuando él llegó, se miraron, los presentaron y tras un par de copas, charlaron con la confianza que da el alcohol y el coincidir con alguien en iguales circunstancias. Era obvio que se atraían, que esa primera mirada había sido una descarga de adrenalina, pero no lo comentaron. A veces no hace falta comentar las evidencias. Tras la cena, cada uno volvió a su casa, pensándose, el encuentro había calado.
En el camino, se cruzaron con pandillas de adolescentes ebrios que se magreaban y besaban en mitad de la calle y continuaban bebiendo entre saliva y saliva, para no perder el hilo, el punto.

Besos que no trascenderían, besos nocturnos. 
Besos ansiosos por continuar el proceso del beso hasta llegar al sexo. 
Besos vacíos, besos huecos. 
Besos necesarios para descartarlos después. 
Tan solo besos.

Ambos, sin ver al otro, movieron las cabezas. ¡Qué poco valor se le otorgaba ya al besar! Un poco más adelante, cerca de casa de él, un grupo de chicas en posturas imposibles invertían la noche del sábado en sacarse fotos que post-retoque, publicarían alardeando la magia de una velada única. Ella, a su vez, antes de entrar al portal, observó a una pareja sentada en un banco que, para su decepción, en vez de estar hablando, consultaba la sección de noticias de sus respectivas redes sociales.
"¿Qué estarán pensando ahora mismo las estrellas?" , se dijo.

Antes de apagar la luz, se pensaron. Con los días, también.

Un par de meses después, ella salió con unas amigas a charlar. Sí, se habían hecho mayores. Ya no salían a ligar, ni a publicar sus hazañas. Ya no necesitaban poner "bote" y comprar "litros", ahora bebían cocktails, fumaban e incluso alguna estaba a dieta y cada una además de hijos, tenía varias cicatrices en su haber, de corazones rotos y recompuestos, de piezas de una misma que nunca vuelven a ajustar en el mismo lugar.

A él le habían invitado a participar en un evento. Iba bien escoltado, con sus dos amigos de siempre. Contentos, alegres por tener un hueco en sus apretadas agendas y poder disfrutarse, recuperando la camaradería y la sencillez que la madurez te obliga a perder.

Entraron en el mismo bar donde ella charlaba con sus amigas. Al reconocerse se sonrieron. Giraron la cabeza para atender a sus respectivos grupos y a los pocos segundos sus miradas se encontraron de nuevo. Ella bajó la cabeza azorada y él sonrió para sí. Serendipia. Parecía la noche perfecta.

Al cabo de un buen rato de miradas furtivas, ella fue sola a pedir a la barra. Él dejó a medias la conversación para seguirla. Incluso la música del local pareció acallarse para escucharlos. El mundo giraba y solo permanecían sus ojos inmóviles, sus cuerpos, su atracción. Campo magnético de deseo e intriga.

-He venido a comerte la boca.
-¿Perdona?

Y la besó con todo. Con la pasión y las ganas del "quiero y puedo" y el coraje del "de aquí no me muevo". Fue un beso largo e intenso, húmedo, erótico y tierno. Fue un beso de giros a izquierda y derecha, de lenguas y dientes, de manos en la nuca y "abrázame que no me caiga".
Durante el tiempo que duró el beso no había pensamientos, no existía el "luego" ni el "ayer".

Capítulo 2.

-¿Cómo sabías que no me apartaría?
-Supongo que he sabido leer entre líneas. Ya no somos unos niños. Tú jamás te hubieras atrevido a darme un beso así.
-Voy a confesar que es cierto -dijo ella aún con el corazón al galope-; nunca te hubiera besado así. Te habría comido la boca, también.
-Hice bien en esperar.
-Podrías haberme besado la primera noche. Hubiera quedado ahí. Un beso. Una charla. Quizá nos hubiésemos dado el teléfono, hubiéramos chateado y... nada más. O sí. Sexo, pero nada más. Vacío. Adiós. En cambio... cuando quieres comerle la boca a alguien, así como lo acabas de hacer, en ese beso imprimes todas y cada una de tus preguntas, y todas y cada una de tus verdades.
-Touché. Entiendo entonces... que ahora podremos tomarnos algo juntos, ¿no? Me llamo...
-Aún no, ahora me toca a mí.

Sus respectivos amigos ya se habían ido del garito cuando dieron las luces y la madrugada los encontró abrazados, separados por el aliento necesario para respirar.

-Ten en cuenta que respirando se nos pierden besos.
-Menos mal que la boca no solo está para hablar.

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 Ayer vi a varias parejas besarse. Sí, se besaban. En la mejilla como saludo, en los labios también como saludo, y con babas como buen adolescente movido por las hormonas. Cada beso transmitía algo y sin embargo, sentí que a todos les faltaba la pasión de ese "comerte la boca". Esas ganas locas de perderte en otra boca y detener el mundo, relajarte al tiempo que te excitas o te emocionas, porque ojo, no todo beso acaba en cama, ¡y suerte! , porque entonces también el sexo acabaría perdiendo la gracia de descubrirse en cada tacto y caricia.

Aunque a día de hoy las miradas están pegadas a las pantallas y no a otros ojos que nos miran. Bécquer se quedaría ciego buscando pupilas azules que se clavaran en las suyas.
Se pierden miradas que acercarían besos y almas.
(No acabo de entender qué buscamos dentro del móvil que no haya ahí fuera).

Mi capítulo 2 tras un beso de esos fueron preguntas, respuestas, abrazos y la luna.
Creo que le caímos bien. Que le gustó que hubiera pasado el tiempo, que no fuera un calentón típico de cualquier noche que acaba con un despertar atípico con ganas de huir y puerta. Le gustó que fuera un beso con alma, no solo beso de piel. Un beso de los que no se olvidan, beso de los de "un antes y un después". De haber podido imitarlo, la luna hubiera comido la boca al sol. ;)

Temazos, hoy dos, va, que os tenía abandonados.
"Un beso de esos" de Zenet con este vídeo que me maravilla.

"Un beso de esos que luego te marcan"

"Toda la vida" de Fuel Fandango. Un grupazo que se escucha a bocados.

"Tengo los pies en el cielo, el corazón vuela alto también"

Sed buenos. ¿Os acordáis de ese bocado de realidad que os dieron? ¿Fantasía, realidad? Ay... que hay que comerse a besos, (venga, va, Rozalén y su "comiéndote a besos" no podía faltar). Si es que...

"Quien siguió la consiguió y esta historia comenzó a brillar"


¡Ya es verano!
Disfrutad del sol y poneos gafas para protegeros la mirada de los rayos, pero JAMÁS DE LA VIDA. Requetemuaks! ¡Nos leemos! Y ya sabéis, si os gusta, comentad, compartid, y esas cositas. Hagamos cadenas de cosas bellas. Muaks!






viernes, 9 de junio de 2017

Alboradas

Hay que pasar a la acción. Siempre. "Alboradas" del DV hoy 09.06.17.
¡Publicado! Así amanecemos hoy, con la confirmación de que El Diario Vasco ha publicado mi carta en la sección "Alboradas". Y es que mi pequeña o gran conciencia social no me permitía quedarme callada con el tema del reciclaje de las jeringuillas.
Desde la cordura, la reflexión y con una exposición clara de la situación, espero que Osakidetza y la Mancomunidad de Servicios del Txingudi tomen nota y hagan algo para evitar riesgos a los ciudadanos.
Nunca me he considerado ni polémica, ni beligerante, y de hecho con esta carta no pretendo levantar ampollas, sino sacar a la luz un despropósito que no entiendo a qué se debe y proponer que se encuentre una solución.
Básicamente, unos contenedores en los centros de salud. Y empatía. Y que la gente piense un poco en el vecino antes de tirar a la basura sus jeringuillas, que no estamos solos en este mundo loco...
Si queréis leer el artículo en papel, en el DV edición Irún.
Y si no, aquí debajo.
En este tiempo en que he estado informándome sobre el tema del reciclaje, preguntando a diestro y siniestro, me ha sorprendido que más del 70% de las personas ni siquiera se han planteado que desechar las jeringuillas directamente en la basura puede generar un riesgo. Si con esta carta consigo que quienes mandan pongan los contenedores de residuos sanitarios donde corresponde o nos aseguren su correcto reciclaje modificando la normativa o, si logro que una sola personita se lo piense dos veces antes de tirar sus jeringas a la basura común, me doy por satisfecha. No podemos ir por la vida como si la vida no tuviera nada que ver con nosotros. En la medida en que podamos ayudar o contribuir a que las cosas vayan mejor, tenemos que hacerlo. 
Brother Jones me ha dicho hace un rato: "es tu causa, todos tenemos una". Y me he quedado pensando en que no se trata de causas sino de pasar a la acción positiva. Si solo me hubiera dedicado a poner a parir a unos y otros, no hubiera aprendido nada, ni tampoco podría haber contribuido de ninguna forma a hacer de este loco mundo un lugar más ético. 

Os dejo el artículo, y mis mejores deseos para que tengáis un maravilloso fin de semana, ¡que ya es viernes! 
Y una canción, no penséis que me olvido. Macaco, Madre Tierra. Es perfecta. ¡Grande, Macaco!

"No se trata de romper ventanas, 

ni farolas ni de cara, 
mejor romper conciencias equivocadas... 
Nadie nos enseñó ni a ti ni a mi, 
nadie nos explicó ni a ti ni a mí; 
mejor aprender, que corra la voz y quizás conseguir..."


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OSAKIDETZA, LA MANCOMUNIDAD DEL TXINGUDI Y EL SENTIDO COMÚN

            Hace un par de meses pasé por quirófano y las instrucciones sobre cómo reciclar la Heparina en Osakidetza fueron muy claras: “metes las jeringuillas en un bote de cristal y las llevas al acabar el tratamiento a la farmacia o a tu ambulatorio más cercano”. En el prospecto también aparece por escrito.  Mi sorpresa llega cuando en la farmacia me dicen que no las recogen desde hace años y en el ambulatorio, ¡que tampoco! Instándome a tirarlas a la basura.

             ¿A la basura? ¿Cómo voy a tirarlas a la basura?.¿Y si resulta que alguien se contamina con ellas? ¡Los trabajadores de la limpieza sin ir más lejos! ¡O algún animal¡ ¡O algún niño! Pero es que además… ¿no se supone que estamos constantemente preocupándonos por el medio ambiente? ¿O sea, tengo que separar cartón y plástico, pero las jeringuillas que pueden estar infectadas -de “vete tú a saber qué”- no? ¿Un lugar con contenedores de residuos sanitarios no los acepta en base a…? ¿Qué?

            Puse una queja en el ambulatorio de Dunboa y recibí una llamada desde la misma centralita donde me confirmaron que la normativa desde hace unos años entre Osakidetza y la Mancomunidad del Txingudi es “no recoger residuos procedentes de los domicilios”. ¿Perdón? No me dieron más información. Me dejaron con la boca aún más abierta. Según la ley sobre residuos de tipo III, es obligatoria su recogida. 

            Y aquí sigo, alucinada a más no poder porque me parece un sinsentido que un ambulatorio con contenedores específicos para ello no lo haga, y sorprendida de que la Mancomunidad proponga esta normativa y acepte que sus empleados puedan correr esos riesgos en la recogida de basuras cada día.

¿Podría alguien poner los puntos sobre las íes en este tema? ¿O lo del medio ambiente solo es para llenarnos la boca sobre nuestra conciencia ecológica al igual que el tema de los riesgos laborales? Porque desechar las jeringuillas usadas en las papeleras, para mí y para cualquier hijo de vecino con dos dedos de frente no es ni ético, ni cívico, ni ecológico. Es una atrocidad que pone en riesgo, innecesariamente, la salud del resto de ciudadanos. Ojalá pueda alguien hacer algo al respecto. Expuesto queda. Gracias. 

ITZIAR SISTIAGA 
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